TRASTORNOS DE ANSIEDAD EN NIÑOS Y ADOLESCENTES

Cuando hablamos de ansiedad aparece ligado este término a otros conceptos como miedo, preocupación, temor, angustia, estrés... La ansiedad es una experiencia emocional desagradable asociada con la anticipación de un desastre futuro, que amenaza los aspectos esenciales de la existencia. A pesar de esto, es una emoción normal, inevitable y necesaria para la adaptación, ya que nos indica cuando existe algún peligro frente al que tenemos que estar alerta.

Las manifestaciones de la ansiedad en los niños y adolescentes pueden ser muy variadas: a nivel somático pueden existir náuseas, vómitos, cefaleas, dolores abdominales; a nivel conductual se pueden presentar comportamientos disruptivos, explosiones de rabia, rechazo escolar; y a nivel cognitivo encontramos las preocupaciones y anticipación negativa.

La ansiedad normal aparece frente a un conflicto que presenta dificultad en ser resuelto; si se resuelve, esto permite avanzar en el desarrollo. Al revés, cuando la ansiedad se vuelve patológica, interfiere con un adecuado desarrollo. ¿Y cómo sabemos si la ansiedad que se vive es normal o patológica? La ansiedad normal habitualmente se manifiesta frente a un estímulo específico, es de moderada intensidad y tiende a desaparecer junto con la desaparición del estímulo, y es patológica cuando es desproporcionada, intensa, prolongada, afecta el funcionamiento de la persona y trae consigo conductas evitativas que en el fondo la perpetúan.

Los trastornos de ansiedad son un grupo heterogéneo de cuadros que tienen en su núcleo esta ansiedad patológica, y son muy frecuentes en niños y adolescentes chilenos, con una prevalencia estimada en un 8,3% y se asocian a una disfunción significativa. Se generan por la interacción de factores biológicos (por ejemplo, genéticos) y ambientales (traumas vitales tempranos, crianza sobreprotectora e intrusiva, disciplina dura, apego inseguro, alto grado de expectativas de los padres, hipercriticismo con insistencia en el rendimiento, etc).

Muchas veces los trastornos de ansiedad se pueden confundir con otros problemas, puesto que la ansiedad también se puede manifestar a través de llanto, irritabilidad y pataletas, lo que puede ser malinterpretado como oposicionismo y en el fondo es un esfuerzo del niño por evitar el estímulo que le genera ansiedad. De esta manera, es importante estar atento a lo que está motivando las conductas de los niños, y no sólo a la conducta en sí.

Un cuadro frecuente de encontrar en niños es el trastorno por ansiedad de separación; donde se presenta angustia al separarse de su figura de apego (habitualmente padre o madre), ya que tiene miedo de que les pueda pasar algo malo si no está con ellos. Esto puede ser una causa de rechazo escolar, donde el niño evita ir al colegio para no dejar a sus padres.

Otra forma de presentación es el trastorno de ansiedad generalizada donde los niños y adolescentes presentan múltiples y excesivas preocupaciones acerca de distintos temas: rendimiento, comportamiento, eventos futuros, situaciones nuevas, puntualidad, salud, problemas económicos, etc. Se ven como niños estructurados, son perfeccionistas y buscan aprobación de los otros. A veces, su sufrimiento puede pasar desapercibido y como tienen estas múltiples preocupaciones, presentan dificultades para relajarse y disfrutar, y también para concentrarse, pudiendo afectar esto en su desempeño escolar.

En la adolescencia también clásicamente aparece el trastorno por ansiedad social, donde los adolescentes son tímidos, tienen miedo a exponerse a situaciones sociales , y por lo tanto, las evitan. Presentan miedo a ser juzgados, a tener un mal desempeño, a hablar en público, a que se burlen de ellos, a hablar con extraños. La consecuencia es que al evitar las actividades sociales tienen menos posibilidades de conocer a otros pares y entablar relaciones de amistad, lo que puede llevarlos al aislamiento. Como a la vez desarrollan menos habilidades sociales, en el futuro tienen mayor riesgo de consumo de sustancias para aliviar esta ansiedad o para generar una desinhibición artificial.

Es frecuente que los cuadros de trastornos de ansiedad se superpongan, y que a su vez, tengan alta asociación con trastornos depresivos.

Si consideramos las posibles consecuencias en el desarrollo (impacto negativo en autoestima, aislamiento social, complicaciones académicas, riesgo de consumo de sustancias y trastornos depresivos) y el nivel de sufrimiento de los niños y adolescentes que padecen un trastorno de ansiedad, es de vital importancia que puedan acceder a un tratamiento. La piedra angular es la psicoterapia y las intervenciones a nivel familiar y escolar; en algunas ocasiones también es necesario el apoyo farmacológico.

¿Cómo podemos ayudar a prevenir los trastornos de ansiedad o a disminuir su intensidad y disfunción?:

-       No sobreproteger. Al sobreproteger a los niños se impide que desarrollen habilidades necesarias para enfrentar sus propios desafíos, y cuando se tengan que parar en forma independiente frente al mundo, esto les generará mayor ansiedad, sentirán que no pueden lograrlo... quedando entonces, desprotegidos.  

-       Es normal que los padres quieran evitar el sufrimiento de los hijos, pero no se puede ni debe evitar todo; las frustraciones cotidianas van preparando al niño para la vida: el niño debe enfrentarse a ellas, resolverlas, y en ese camino debe estar acompañado y contenido. Al evitar constantemente las situaciones que generan ansiedad, ésta se refuerza a largo plazo.

-       Estimular la autonomía de los niños: a medida que avanzan en el desarrollo, permitir que hagan más cosas solos, en un ambiente protector. Hay que ofrecer apoyo pero darles su propio espacio

-       Cuando un niño experimenta un alto nivel de ansiedad es importante acoger y contener sus emociones, y que el adulto contenedor no se desborde con sus propias emociones. Se debe ayudar al niño a manejar su ansiedad de forma sana, y es bueno hacerlo con el ejemplo

-       Escuchar sus sentimientos, validarlos y no burlarse de ellos. No sólo dedicar tiempo a corregir los errores de los hijos, sino también a enfatizar lo que hacen bien, sus fortalezas.

-       Planificar situaciones que pueden ser muy ansiógenas; no se puede asegurar que todo saldrá bien, pero sí se le puede asegurar al niño que tendrá el apoyo de los padres

-       Compartir actividades en familia, disfrutando de un clima distendido. No dedicar todo el tiempo a buscar logros de rendimiento

-       Mantener una sana convivencia escolar

 

Dra. Viviana Egaña Q.

Psiquiatra Infanto-Juvenil