¿QUÉ HACER CUANDO MI HIJO MUERDE A OTROS NIÑOS?

Últimamente una de la consultas que mayormente hemos recibido, tiene que ver con los más pequeñitos, especialmente con los niños de dos a tres años, edad en que los papás se ven envueltos en las primeras dificultades en las interacciones sociales, relacionadas específicamente con el morder. Los niños en esta etapa aprenden principalmente por medio del modelaje, es decir copiando las conductas que ven en otros, ya sea de sus padres, adultos e incluso de sus pares. Con la entrada al jardín infantil, los niños tienen sus primeras interacciones sociales, en donde se ven expuestos a uno de los primeros desafíos del desarrollo social, el egocentrismo del otro, es decir, el clásico “¡es mío!” por parte de otro niño. El niño debe aprender a luchar por lo propio, y con ello muchas veces adopta conductas inapropiadas como el morder, la cual según estudios en psicología, es esperable hasta los tres años. Es por ello, que queremos escribir este artículo con algunos tips y sugerencias sobre qué hacer cuando los niños muerden a otros.

En primer lugar, es importante saber que la rabia es una emoción muy poco validada por nuestro entorno, y que muchas veces se tiende a reprimir o castigar. Frecuentemente decimos: “No es bueno estar enojado, ya basta con ese enojo…” sin tomar en cuenta que la rabia o el enojo son una emoción inherente al ser humano, y por lo tanto debemos favorecer su expresión adecuadamente. El morder puede ser una expresión de enojo intensa, no obstante es inadecuada ya que puede hacer daño a otros o a sí mismo. Es por ello que es importante darles y mostrarles palabras a nuestros niños, señalándoles que lo que sienten es enojo y rabia, y que pueden expresarlo de otra manera, pero no haciendo daño. Por ejemplo: “Te ves enojado, no está bien que muerdas cuando estás enojado. Es mejor pedir ayuda a las misses”. Luego decirle al niño: “Veo que al parecer estás muy enojado, ¿me puedes decir qué paso? O si son muy pequeños, es recomendable hacer una observación sobre lo que le sucedió: “Veo que te enojaste porque no quieres compartir tu juguete”.

En segundo lugar, es importante saber qué hacer en el momento, ya que la acción rápida e inmediata es fundamental para que se detenga la conducta. Separar al niño que muerde del otro y llevarlo a un lugar calmo puede ser tranquilizador no sólo para el niño que está mordiendo, sino que también para el niño que ha sido mordido. Un lugar de calma puede ser un espacio tranquilo y no tan alejado de la sala o de la casa para que el niño se calme, y pueda autorregularse. Frente a esta estrategia, un minuto por año de edad es lo adecuado y recomendable.

En tercer lugar, una buena ayuda es saber específicamente en qué momentos recurre a esta conducta. ¿Dónde, cuándo y con quién? Estas preguntas nos permitirán poder prevenir la conducta y hacer otras acciones que no lleven a un momento de descontrol y de ira.

En cuarto lugar, y no menos importante, es darnos cuenta de nuestra actitud como papás antes de realizar cualquiera de estas intervenciones , ya que si actuamos con ira o si nos alarmamos en exceso, el niño detectará que su comportamiento no es el adecuado pero desde la rabia, lo cual puede generar respuestas de conductas confusas. Además, es importante no etiquetar a los niños de “mordedores”, ya que genera tanto en el niño como en su entorno, una valoración negativa no apropiada para el abordaje de la conducta. También, por ningún motivo es recomendable morderlos de vuelta para que entiendan que la conducta no es la correcta. Lo anterior, le entrega un modelaje a los niños, en donde responder agresivamente puede ser una forma de manejar los conflictos.

Esperamos que estas sugerencias puedan ser de utilidad para Uds. y en caso de requerir mayor orientación no duden en preguntar a un especialista para que los guie en el proceso.

 

Autora:

Ps. Mariana Elgueta A.