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Separación Conyugal ¿Cómo enfrentar esta difícil situación con nuestros hijos?

De acuerdo a las estadísticas chilenas, desde el 2013 cada dos minutos se registra nuevo proceso de separación legal en tribunales de familia, siendo nuestro país la tercera nación con mayor divorcio, después de Aruba y Rusia. Una triste realidad que muchas parejas atraviesan a la hora de decidir llevar una vida por separado. Una de las grandes inquietudes que surgen en los padres es cómo abordar esta situación frente a los hijos. ¿Qué les decimos? ¿Cómo lo explico? ¿Sufrirán por nuestra culpa?

Sin duda, la separación conyugal es una crisis familiar que afecta a cada uno de los miembros. Es inevitable que haya sufrimiento y tristeza, ya que significa un duelo por la pérdida de una familia unida y más encima requiere la adaptación a una nueva organización familiar, con todos los cambios afectivos, sociales, económicos y ambientales que eso implica. Sin embargo, las investigaciones son consistentes en demostrarnos que es mejor para los niños vivir con padres separados que dentro de una familia con excesivas discusiones, hostilidad y dificultades maritales.

También se ha señalado en la investigación sobre separación y divorcio, que existen en general dos maneras de enfrentar una separación conyugal, las cuales se dividen a groso modo en constructiva y destructiva. En la constructiva, si bien puede haber diferencias en la pareja, se logra llegar a acuerdos y compromisos mutuos por el bienestar y estabilidad emocional de los niños. En la destructiva, como bien dice su nombre, el conflicto marital queda abierto, y en su extremo se usa a los niños como mensajeros, en donde cada uno intenta convencer a su hijo estar en lo correcto y ponerlo en contra del otro. Este lavado de cerebro que hace uno de los padres en contra del otro tiene el nombre de Síndrome de Alienación Parental (SAP), y hoy en día es considerado como una forma de maltrato infantil. Las razones son simples, los niños quedan envueltos en un profundo conflicto de lealtades que después de un tiempo comienza a dejar secuelas psicológicas importantes, provocando depresiones, ansiedades, temores e incluso trastornos de personalidad.

Cuando ha llegado la hora de contarles a los hijos la decisión de separarse, recomendamos adoptar una actitud abierta y sincera. Estén preparados para diversas formas de reacción emocional, las cuales son siempre válidas y esperables. Algunos lloran, sintiendo mucha tristeza, a otros les da rabia contra alguno o ambos padres o impotencia por no poder hacer nada para cambiar la situación. También pueden sentirse culpables por haber causado la separación o mostrar una indiferencia absoluta. Por lo tanto, es importante que les digan en forma clara y directa lo sucedido, explicando el por qué y evitando culpabilizar al otro. Y de ninguna manera responsabilizar a los hijos. Se les debe hacer hincapié en que ellos no tienen nada que ver en la decisión tomada y que ambos los seguirán queriendo igual que siempre, que eso nunca va a cambiar. Además, es recomendable validar sus emociones y darles el espacio para poder expresarse libremente frente a la situación. Para evitar mayores consecuencias emocionales en sus hijos deben tener en cuenta lo siguiente:

1.Los niños tienen el derecho de ver a cada uno de sus padres cuando ellos lo deseen, independiente del régimen de visitas establecido.
2.Lleguen a acuerdos formales de mutuo respeto y fijen horarios de visitas con el padre que se retira del hogar.
3.No critiquen, se quejen o hablen en forma negativa del padre o madre ausente frente a los hijos. Ni tampoco manipularlos como mensajeros. Eso sólo los dañará psicológicamente.
4.No fomenten la fantasía de reconciliación con los hijos, ya que solo creará falsas expectativas y sufrimiento.
5.¡Mantengan la esperanza! Si bien será un momento difícil, luego podrán reacomodarse y adaptarse a una nueva realidad que es distinta, pero mejor que la anterior.

Si te encuentras actualmente en un proceso de separación, te recomendamos informarte y consultar a un especialista para que tus hijos no salgan lastimados o heridos, sino que aprenden a ser más fuertes y resilientes.