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El Poder de las Relaciones Interpersonales en el Cerebro Una aproximación desde las Neurociencias

El bombardeo de Información y las Neurociencias

Hoy en día estamos bombardeados de información sobre cómo ser felices, cómo criar a nuestros niños, de la importancia de un vínculo seguro, de cómo ser y de qué hacer. Como adultos responsables debemos tener esta información y lo que hagamos con ella dependerá de cada uno. Es un privilegio tener acceso a tanta información, sin embargo este bombardeo informático, está causando un efecto no esperado: la angustia y confusión de las personas. Cada vez más se observan en la consulta personas que no saben qué hacer; un libro les dice que deben hacer  tal cosa y que en otro lado leyeron que deben hacer todo lo contrario.

Por ejemplo, cuando los padres te cuentan que leyeron que los niños deben ser comprendidos y no obligarlos a hacer algo que no quieren, pero que al mismo tiempo el pediatra les dijo que el niño debe tener rutinas y límites establecidos para un desarrollo pleno. Cuando vienen a verme les explico que las dos informaciones están en lo correcto, con esto más confundidos quedan, pero les explico que tiene que ver el cómo interpreto esa información y cómo esa información les sirve o no, según sus objetivos. Y además, les manifiesto a grandes rasgos cómo funciona nuestro cerebro. La gran mayoría de la información acerca de los procesos psicológicos, hoy en día, está respaldada por la neurociencia. Esta ha venido a ayudar a la psicología a explicar cómo las experiencias poseen un impacto importantísimo en el desarrollo del cerebro. Gracias a los avances en neurociencia en las últimas décadas, la psicología ha encontrado un aliado a la hora de explicar cómo los seres humanos funcionamos cuando actuamos, tomamos decisiones, nos emocionamos, etc. Y con estas explicaciones operacionalizamos el mundo de la psicología, lo que para algunos la hace más comprensible.

¿Qué dicen las Neurociencias sobre el Desarrollo Cerebral y Apego?

Dado lo anterior, le pediremos nuevamente ayuda al Dr. Daniel Siegel, neuropsiquiatra estadounidense, que ha logrado traducir en conceptos y palabras el funcionamiento y desarrollo del cerebro, para ayudarnos a comprender la responsabilidad que tenemos todos en el desarrollo de nuestros niños y por qué no decirlo, en cómo nuestro cerebro funciona.

Siegel ha escrito varios libros, pero hay un artículo del 2001 que salió en la revista Infant Mental Health, en donde explica muy bien el papel del apego en el desarrollo de nuestro cerebro. Como sabemos los bebés biológicamente buscan, siguen y mantienen una proximidad hacia una figura de apego protectora; esta figura de apego es su base segura, lo que les permite explorar el mundo que los rodea al sentirse contenidos; y al enfrentarse a peligros o amenazas buscarán a esta figura buscando protección y contención. Lo anterior, les permite desarrollarse y así sobrevivir. Gracias a los estudios de Bowlby y otros investigadores, podemos tener información sobre el Apego (1969). Pueden leer también el artículo de Ps. Francisca Soto en donde explica qué es el Apego y su importancia, les dejo el link http://www.transiciones.cl/el-vinculo-de-apego-que-es-y-como-establecerlo-adecuadamente-con-nuestros-hijos/. Sin embargo, esta información no explica cómo es que el Apego, posee un impacto total en el desarrollo de nuestro cerebro.

¿Cómo funciona el Apego a nivel neuronal?

Retomando a Siegel, explica que el Apego sería como un programa dentro del cerebro y que este programa se iría configurando según las experiencias que vamos teniendo con los otros, con nuestro contexto. Con cada experiencia que tenemos, se activarían neuronas, que son el principal componente de nuestro cerebro y funcionan como si tuvieran actividad eléctrica. Cada impulso eléctrico haría que las neuronas descarguen neurotransmisores: un químico que activará o inhibirá a otra neurona. De esta manera se comunican entre sí. Lo importante dice Siegel, es saber que cada neurona tiene una capacidad de conectarse con un promedio de 10.000 otras neuronas. Esto nos daría millones de millones de posibilidades de conexión y de patrones complejos de funcionamiento neuronal. El proceso de la mente (pensar, decidir, etc.) emanaría de la actividad del cerebro, por lo que cuando un circuito en particular del cerebro se activa (grupos de neuronas, conexiones entre ellas) se impulsan procesos mentales. De esta manera el cerebro crea mapas neuronales o redes neurales. Por ejemplo, un padre cada vez que llega a la casa abraza y juega con su hijo, ese hijo crea en su cerebro un camino neuronal que lo hace sentir feliz y cómodo. Y cada vez que su papá llega se activa ese camino activando las neuronas, que lo hacen sentir feliz. Por el contrario, si el padre al llegar reta y castiga a su hijo, el camino que se creó activa la emoción del miedo. Desde aquí podemos comprender cómo es que las relaciones con los otros poseen un impacto significativo en el desarrollo y configuración de nuestro cerebro.

Cómo las relaciones interpersonales pueden moldear nuestro cerebro

Siegel explica: “Lo que llamamos mente puede ser entendida simplemente como patrones de energía e información que fluyen”. Entendiendo esto podemos observar cómo esta información o energía puede fluir entre dos cerebros (dos personas), creando experiencias mentales en ambos. Por lo que los patrones de energía y de información que fluyen son la esencia de la mente, son productos de los procesos y de las interacciones interpersonales. Los últimos estudios nos muestran la plasticidad de nuestro cerebro; ¿qué significa esto? Nuestro cerebro puede cambiar, es abierto a la influencia del medio ambiente y del contexto durante toda la vida. No como se creía antiguamente que venía predispuesto por los genes o que después de cierta edad se quedaba tal cual. Podemos decir entonces que la experiencia que tenemos va moldeando nuestra estructura cerebral, por eso se explicaría la capacidad de cambiar nuestros estilos de apego o reparar experiencias traumáticas.

¿Por qué todo esto es importante? Porque nos explica la importancia de las relaciones interpersonales. Cómo éstas desde que nacemos moldean la estructura y circuitos neuronales, creando modos de aproximarnos al mundo y a los otros. Pongamos un ejemplo concreto: Una pareja discute sobre la crianza de sus hijos, ambos poseen historias diferentes en relación a cómo sus padres ejercieron la parentalidad. Ella posee una experiencia en donde las relaciones interpersonales se caracterizaban por la crítica constante y agresividad, llegando al maltrato. Por eso cuando discute con su pareja y él no está de acuerdo con algo que ella dice, su cerebro establece circuitos neuronales que activan fácilmente el miedo, el cual activará a su vez los circuitos relacionados a escapar o a defenderse; en este caso defenderse. Para él, sus cuidadores fueron empáticos y capaces de satisfacer sus necesidades de niño, por lo que logró establecer relaciones de confianza y seguridad. Ese niño que ahora es adulto,  al discutir con su pareja que le dice que no está de acuerdo con lo que plantea, hace que se activen sus neuronas, los circuitos en donde se siente seguro, lo que a su vez activa nuevos patrones impulsando procesos mentales que le permitan buscar, por ejemplo, evidencia de lo que plantea u otra manera de plantear su punto de vista. Dado que él posee una experiencia diferente, y posee circuitos neuronales que le permiten sentirse más seguro y cómodo, podría empatizar con la reacción de su pareja y contenerla para que no se siga sintiendo amenazada, ayudándola a reparar y así a crear nuevos patrones neuronales que le permitan sentirse más segura y en confianza.

Como hemos visto, de manera muy resumida, el tipo de relaciones que establecemos desde pequeños con los cuidadores y con los otros, influyen significativamente en la manera es que se van creando los circuitos o mapas neuronales, los cuales a su vez determinan cómo reaccionamos y nos relacionamos con el mundo. Desde ahí la importancia, como adultos responsables, de conocer esta información y usarla de manera positiva.

Siegel, J. Daniel (2001). Toward An Interpersonal Neurobiology of the Developing Mind: Attachment Relationships, “Mindsight,” and Neural Integration. Infant Mental Health Journal, Vol. 22 (1-2), 67-94.

Bowlby, J. (1969). Attachment and loss. Vol. 1: Attachment. New York: Basic Books.

Ps. M. Francisca Cherniavsky A.