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Consumo de drogas en adolescentes: una conducta de riesgo

Es cada vez más frecuente ver en televisión o leer en los diarios y redes sociales, reportajes sobre drogas y adolescentes que las utilizan en sus “carretes” o a la salida del colegio. ¿Es tan preocupante este tema como se muestra en los medios de comunicación? La verdad es que sí, e incluso más. En encuestas realizadas en población escolar chilena (SENDA, 2015) se ha observado un consumo importante de drogas en este grupo etario, siendo el tabaco, alcohol y marihuana las de mayor prevalencia.

El alcohol.

Con respecto al alcohol, las tasas de consumo se han mantenido relativamente estables pero en niveles altos: 36% de los adolescentes ha bebido alcohol en el último mes, y un 64% de éstos ingieren más de cinco tragos en una sola ocasión. Esto nos dice que típicamente consumen altas cantidades en un corto periodo de tiempo (por ejemplo fines de semana), llegando frecuentemente a la embriaguez. Este patrón es de alto riesgo, tanto por su potencial adictivo como porque deja expuestos a los jóvenes a situaciones donde ya no tienen el control de sí mismos y no son capaces de cuidarse.

La Marihuana.

En el caso de la marihuana, las estadísticas son aún más desalentadoras: ha aumentado significativamente el porcentaje de alumnos que la utiliza, llegando a 34% de escolares que la ha consumido en el último año. Esto coincide con que la marihuana se ha ido convirtiendo en una droga casi normalizada, entre otras cosas por la visibilización del consumo percibiéndose como generalizado, por la percepción de que no es dañina puesto que es “natural”, y por los movimientos sociales que se forman alrededor de ella, incluso llegando a idealizarla. Sin embargo, es fundamental reconocer que la marihuana es una droga y por lo tanto, puede generar dependencia y tener efectos nocivos en las personas: disminución del rendimiento cognitivo, mayor riesgo de psicosis y síntomas depresivos, entre otros de la esfera neuropsiquiátrica.

La adolescencia es una edad clave cuando hablamos de drogas tanto desde el punto de vista biológico como del psicológico, siendo una etapa especialmente sensible a la instalación de consumos problemáticos de sustancias. El cerebro aún está en periodo de desarrollo con áreas específicas que están en proceso de maduración (especialmente la corteza prefrontal), y como consecuencia del efecto de drogas se pueden observar alteraciones en habilidades de aprendizaje y memoria, disminución de motivación y de control de impulsos; además de que ejercen un efecto directo sobre circuitos neurales que promueven cambios neurobiológicos que se observan en las adicciones. En esta etapa llena de cambios, el adolescente está consolidando su identidad, por lo que necesita reafirmarse y pertenecer, reconocer quién es y qué lugar ocupa en el mundo, manejando además, las expectativas del futuro, las propias y las de su entorno cercano. Por ende, la adolescencia se convierte en una etapa muy susceptible a los distintos tipos de estímulos externos.

Los adolescentes tienden a iniciar el consumo desde la curiosidad, como parte de una actividad recreativa o en un contexto social de tiempo libre; sin embargo, algunos, lo utilizan también para aliviar ciertos síntomas como ansiedad, angustia, depresión y por la necesidad de escapar de los problemas, llegando incluso a buscar la sensación de anestesia y adormecimiento, lo que hace al consumo sumamente adictivo. Esto, asociado al sentimiento de invulnerabilidad propio del adolescente y de su percepción de alto control sobre las cosas, lo puede ir sumergiendo en conductas de dependencia con graves consecuencias para su desarrollo.

Otro factor influyente es que la percepción de riesgo del consumo ha disminuido en el último tiempo en la población escolar, y es así como los posibles problemas que podrían generarse debido a consumo de sustancias, se observan como muy lejanos o improbables.

Frente a este complejo panorama la labor de los padres es fundamental: es importantísimo crear espacios de confianza, donde se puedan abordar con los hijos la temática de las drogas en forma directa y con información verdadera, explorar qué opinión tienen ellos, aclarar las dudas, derribar mitos, mostrar interés y establecer un diálogo.

A nivel familiar se ha visto que mientras más involucrados estén los padres en la vida de los hijos, hay menor prevalencia de consumo de drogas en ellos. La disfunción familiar (conflictos frecuentes, exceso o poco control por parte de los padres, escasa comunicación, por nombrar algunas situaciones) es un factor de riesgo y podría conducir a que los adolescentes busquen salida a sus problemas en las drogas; lo mismo ocurre con la baja motivación y rendimiento escolar. Es por esto que es esencial involucrarse en la vida de los hijos: conocer a los amigos, dónde pasan el tiempo libre, cuáles son sus gustos, interiorizarse en el aspecto escolar en general y no sólo en el rendimiento. Por otra parte, dado que se ha relacionado el consumo adolescente con el tiempo de ocio, es necesario establecer límites claros en cuanto a salidas, horarios… los que en algunos casos pueden negociarse y en otros no, y además se debe fomentar la realización de actividades deportivas y recreativas, que ayuden a disfrutar el tiempo libre en forma sana.

Es necesario también, entregar un mensaje claro a los hijos, no avalar el consumo de sustancias ni facilitar el acceso a ellas. El ambiente familiar es clave en el proceso de socialización del adolescente; es el lugar donde primero se aprenden las normas, actitudes y valores. Muchas veces se entra en contradicción en lo que se les intenta decir a los adolescentes y las propias conductas de los adultos en relación a las drogas; debiendo recordar que muchos de estos adultos son figuras significativas para los adolescentes y es aquí donde la frase “hay que educar con el ejemplo” cobra sentido.

Es innegable que en nuestra sociedad actual las drogas están al alcance de la mano y por lo tanto, los adolescentes van a estar expuestos a ellas; lo importante es que tengan las herramientas para no caer en conductas de abuso y dependencia, es decir, que hayan desarrollado habilidades de resolución de problemas, autoestima y autoimagen positiva, expectativas de futuro, sensación de logro, relaciones significativas con otros, etc.

Finalmente es importante reconocer que no todo tipo de consumo es adictivo en adolescentes, pero sí todo tipo de consumo conlleva riesgos a esta edad. Que sea adictivo o no dependerá de otras variables asociadas: genéticas, temperamento, dinámica familiar, adaptación escolar, relación con amigos, presencia de trastornos psiquiátricos, etc. Por lo tanto, la idea siempre es disminuir el riesgo, y para eso, los padres y toda la sociedad necesitamos tener un papel consciente y activo.

Dra. Viviana Egaña Q.

Psiquiatra Infanto-Juvenil